Chorizos “7 Lunares”, tradición que suma cinco generaciones desde el año 1870

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Los tradicionales Chorizos Chuquisaqueños. Una celebración de la rica gastronomía capitalina.

 

Dicen que presidentes, ministros y personajes de la farándula que llegan hasta del último rincón de Bolivia van a saborear los chorizos de las “7 Lunares”. Hace 15 años, el exconductor del suceso de la televisión internacional “Sábado Gigante”, Don Francisco, se quedó asombrado después de probarlos.

La fama de este plato de las “7 Lunares”, definitivamente, trascendió las fronteras: muchos bolivianos que llegan del exterior del país se llevan los embutidos congelados a su lugar de residencia, incluso hasta los Estados Unidos. Con el paso del tiempo, el consumo de esta delicia de la gastronomía chuquisaqueña se ha convertido en toda una tradición, en un patrimonio regional. Y su preparado está en manos femeninas.

María Cristina Ledezma, una de las nietas de Juliana Saavedra, la emprendedora que comenzó elaborando chorizos en 1870, es decir, hace 146 años, confirma a CAPITALES que, ante todo, este negocio se constituyó en una actividad familiar.

Dice que el nombre surgió porque así le decían a la hermana de su abuela, Susana, en cuyo rostro destacaban siete lunares. En realidad, los primeros chorizos en la familia los hizo Juliana.

Explica también que las hermanas trabajaron con unos alemanes, de quienes aprendieron a preparar los embutidos. Desde entonces la tradición se mantuvo hasta lo que es, hoy, la quinta generación familiar.

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Chacinería 7 Lunares presente en TAMBO Tarija 2016

Claves del éxito
Las descendientes de las precursoras de esta comida entienden que el éxito de estos chorizos se debe a la receta, de origen alemán, y a la amabilidad con la que tratan a sus clientes.

Juliana Saavedra tuvo tres hijas: Angélica, Elsa y Julia Flores. De los cinco hijos de Angélica, solo Rosario Daza se dedica a esta actividad. De los cuatro de Elsa, solo Enna Luján. Y de los cuatro de Julia, dos: María Cristina y Efraín Ledezma Flores.

María Cristina, por su parte, está en el rubro desde hace 45 años: comenzó a los 15. Tiene tres hijos que siguen con la tradición: Paola Alejandra y Jorge Antonio venden chorizos en un local situado en la calle Manco Kapac y la otra hija está comenzando a colaborar a su madre en el Mercado Central.

Asimismo, una hija de Efraín abrió un local de venta de chorizos en la calle Aniceto Arce casi esquina Hernando Siles.

Según María Cristina, “nuestra intención es mantener la tradición familiar, antes cuando estudiaba en colegio me daba vergüenza que me digan siete lunares pero ahora para mí es un orgullo”.

Hoy, el puesto principal de venta en Sucre se encuentra ubicado en el Mercado Central, frente al sector de abarrotes, donde varias mujeres de diferentes edades, bien uniformadas y sonrientes, ofrecen a los clientes los sabrosos sándwiches de chorizo, una tentación a la que sucumbe cualquiera.

(Extraído de la edición CAPITALES del periódico Correo del sur, 21 de Junio 2016)



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