Los "agachaditos" y su aporte a la Seguridad Alimentaria en El Alto

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Kim Gajraj es una investigadora que realizó su maestría en la Universidad de Utrecht, y con tal motivo llegó a Bolivia en Abril de 2015 para desarrollar la tesis “Los agachaditos: vendedoras de comida callejera, redes sociales y seguridad alimentaria en El Alto, Bolivia”. Con el apoyo de la Fundación Alternativas y la Fundación Friedrich Ebert Stiftung, una versión condensada y resumida de estudio fue presentada la semana pasada y publicada en la red en su versión PDF.

La experiencia de la joven investigadora inglesa, revela aspectos muy interesantes sobre la dinámica entre los consumidores y este servicio tradicional de venta de alimentos en zonas populares de La Paz y El Alto.

Los “agachaditos” y la soberanía alimentaria en El Alto

Al hablarse de los “agachaditos”, hablamos no solo de las comideras de las zonas populares de La Paz y El Alto, sino del eje de un sistema social y económico que se desarrolla a partir de la esta “fuente alimentaria cotidiana” como define Gajraj en la introducción del estudio.

Las comideras generan una amplia red de proveedores, fundamentada en la oferta de platos típicos principalmente constituidos por carbohidratos y carnes. En su red de proveedores, están incluidos los productores de zonas rurales aledañas a El Alto, que en muchas ocasiones están relacionadas a las propias comunidades de las comideras,ya que en su mayoría son migrantes o hijos de migrantes. “De Calasaya traigo papa, chuño, tunta. Sembramos también y cosechamos. Después nos guardamos y de poco a poco vamos trayendo” comenta Feliza Siñani Mamani, que vende una variedad de platos Zona Villa Adela – El Alto, y participante de este estudio.

El estudio reveló que existe una alta proliferación de puestos de comida callejera en zonas centrales de El Alto, lo que denota la importancia de este tipo de consumo alimentario en la vida cotidiana de las personas.

Asimismo, el estudio pudo corroborar que estos puestos ofrecen una variedad extensa de platos a distintos precios. Mediante una encuesta realizada a los consumidores, la investigadora pudo establecer que existe una preferencia por los platos tradicionales frente a ofertas de comida “chatarra”.

Las caseras, una relación más allá del plato

“Las comideras por lo general cuentan con una lista de clientes casi fijos, puesto que se ubican en lugares estratégicos para la venta de sus platos que les generan una afluencia diaria de gente de negocios, colegios y oficinas que se vuelven sus “caseros” comenta Gajraj en una entrevista realizada por MIGA.

Y es que el término “casera” muy propio de nuestro país, trasciende la relación ofertante-cliente, y se convierte en una relación, como el nombre lo refiere, “de casa”, cercana y casi maternal. “Las caseras llegan a conocer bien a sus clientes, sus gustos. Por ejemplo si a uno le gusta un plato especial, manda a su ayudante a avisarle en la mañana temprano, para garantizar la venta pero también por esa consideración personal a sus clientes. Incluso hay caseras que cocinan pensando en la salud de sus “caseros”, cuando llegan a saber que tienen problemas como presión alta o diabetes” comenta. Estas estrategias de fidelización de los clientes, se suman a una autoregulación para la manipulación y presentación de los alimentos. “Hay que tener cuidado al vender, preparar, todo eso, y en el aspecto personal. La comida tiene que estar como corresponde, con su sabor y también tiene que estar elaborado de la mejor forma” indica Freddy Velasco, vendedor de P’esqe entrevistado en el estudio.

“La choca”

Como parte de la metodología del estudio, Kim Gajraj forjó una relación de confianza con 3 vendedoras con quienes hizo las compras y pudo compartir en sus casas para realizar una observación participante continuada. Pero no se quedó ahí.

Llegó a construir un lazo de confianza con una de las vendedoras y durante 1 mes, fue “La Choca”, ayudante de una de las vendedoras. “Las tareas incluían aprender quiénes eran clientes regulares de la comidera, ofrecer y servir comida a clientes, lavar platosentre otras actividades” menciona en el estudio.

“Aprendí muchas cosas, de como se relacionan entre ellas, como están asociadas, cual es la relación con sus clientes, e incluso cuales son los códigos de lealtad en base a los que funciona su relación con otras vendedoras” comenta la investigadora “Pero también logras apreciar el valor de las relaciones humanas en este sistema. Me decían “la Choca” que era mi apodo de cariño”.

 

Revisa EL ESTUDIO COMPLETO EN PDF siguiendo el link:

http://alternativascc.org/es/research-publications/comida-callejera-un-aporte-la-seguridad-alimentaria-en-el-alto



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